CAPITULO 7 “¡AY, QUÉ MALITA ESTOY!” 1 CASA MANUELA. SALON. INT. TARDE Manuela está tumbada en el sofá, con un batín. En los ojos lleva dos rodajas de pepino. Paco, de traje, entra en el salón pero no se percata en un primer momento del estado de su madre. PACO Casi me mato en la escalera. A ver si los de la comunidad ponen de una vez las lámparas de bajo consumo que aprobamos en la junta, y quitan esas bombillas viejas, que el descansillo parece un agujero negro. MANUELA Ayyyyyyyy. ¡Que malita estoy, hijo! Paco se acerca a ella. La mira. Le levanta una rodaja de pepinillo de un ojo. La deja luego en su sitio. Hace lo mismo con el otro ojo PACO Ensalada de ojos con pepinos. Un poco sosa, ¿no? MANUELA No te rías de tu pobre madre, que está al borde de la muerte. Me duelen hasta los párpados. Tengo fiebre, seguro. PACO (tocándole la frente) Pero si estás fría como una tumba. Manuela se incorpora. Se le caen los pepinos de los ojos. Agarra de la solapa del traje a su hijo. MANUELA (zarandeándole) ¿Como una tumba? ¡Ay, no te sé! PACO Es una forma de hablar, mamá. MANUELA (sigue agarrado a él) No me engañes. Estoy helada. No tengo temperatura ni pulso. ¿No te habrás dejado alguna ventana abierta? PACO Están todas cerradas y bien cerradas, para que no se salga el calor. Y el termostato a 20 grados. MANUELA (desplomándose en el sofá) Me muero, hijo, me muero. PACO Mama, no es la primera vez que te mueres ni será la última. Eres una aprensiva. MANUELA Esta vez va en serio, Paquito. Y antes de morirme, quiero decirte que tú has sido siempre mi hijo preferido. PACO Pero si soy hijo único. MANUELA ¡Ay, ya te apañarás, ya! 2 CASA MANUELA. SALÓN. INT. NOCHE Soledad entra en el salón. Lleva una bandeja con una taza y una infusión humeante. Se sienta en el sofá, donde sigue agonizante. Manuela, al verla, se incorpora levemente y le toma la mano. MANUELA Ay, hija mía, ¿estás aquí? Que buena eres. SOLEDAD Sí, me ha dicho Paco que estaba algo pachucha, y me he dicho, hala, voy a llevarle unas hierbas a la vecina más salá del bloque. Anda, tómese esto, que le sentará bien. Soledad la ayuda a incorporarse. Le da de beber un sorbito de la taza. MANUELA (acariándole la cara, tierna) Mira, Sole, antes de morirme quiero que tu y mi Paco os arregléis. SOLEDAD ¿Arreglarnos? ¿El coche? No tengo, siempre viajo en transporte público. Es más saludable. MANUELA Ya sabes lo que quiero decir. Los dos tenéis edad de recogeros. Yo sé que tu le quieres bien, no como aquella pelandusca de Luisa, que le dio plantón en el altar. SOLEDAD (bromeando) Yo con tal de ser su nuera me caso con un monje tibetano (con gracia) Que me cae a mi mu bien mi vecina Manuela. MANUELA Yo sé que mi Paco es algo tonto...(rectificando el gesto). Bueno, algo tonto no, es un completo imbécil, para que negarlo. SOLEDAD Mujer, algún encanto tendrá. Sólo hay que escarbar un poco. MANUELA En el fondo es un buen chico, es lo que yo digo. SOLEDAD Un partidazo, con un patrimonio inmobiliario de envidiar: dormitorio en casa de mamá con derecho a pestillo. MANUELA (tomándole la mano) Sole, yo se que tú le quieres desde niño. Así que antes de morirme, me tienes que me prometer que te casarás con él. Y ya tapañarás, ya SOLEDAD (dándole palmaditas en la mano, tranquilizadora) Ande, ande, usted no se va a morir. Lo que pasa es que escucha en la radio esos programas de médicos y se cree que tiene todas las enfermedades de las que hablan. MANUELA (tomándole la mano y asintiendo) Sí, Sole, sí. Esos médicos de la radio atinan en todos mis males. SOLEDAD ¿En todos? MANUELA (con cara de interés) Hoy precisamente lo han retratao tal cual.(llevándose la mano a la garganta) Este moqueo permanente, este ahogo que me coge la garganta... ¡Ay, no te sé! SOLEDAD ¿Y de que se trata esta vez? MANUELA (casi al oído) El moquillo SOLEDAD ¡Pero si el moquillo es una enfermedad que sólo padecen los perros!. Manuela se queda pensativa. Mira fijamente a Soledad MANUELA ¡Guau, guau! FIN (escrito por Ramón Muñoz)