Durante la “Conferencia Internacional sobre Biocarburantes” que se celebró en julio de 2007 en Bruselas, el presidente brasileño asumió el compromiso de organizar en su país un evento similar un año después. Fruto de ese compromiso, durante la semana del 17 al 21 de noviembre se desarrolló la “Conferencia Internacional sobre Biocombustibles” en la ciudad de Sao Paulo, capital del estado que concentra la mayor parte de la producción de bioetanol con caña de azúcar de Brasil.
Con 92 delegaciones nacionales y más de 3.000 delegados inscritos, la convocatoria realizada por el gobierno brasileño resultó un éxito, al que ayudó la organización paralela de una interesante feria empresarial sobre el sector de los biocarburantes en Brasil. Para aprovechar al máximo las aportaciones de todos, la Conferencia se estructuró en dos bloques principales, a los que se sumaron eventos simultáneos organizados por diversas instituciones brasileñas. El primero de esos bloques, de acceso abierto, se desarrolló durante los tres primeros días y cubrió en cinco sesiones plenarias los temas de seguridad energética, cambio climático, sostenibilidad, innovación tecnológica y mercados internacionales. El resumen de los debates mantenidos sirvió como punto de partida de la segunda mitad de la Conferencia, definida como “Segmento Gubernamental de Alto Nivel”, en el que las delegaciones nacionales presentes concretaron su visión sobre los temas tratados en las sesiones plenarias.
La Conferencia fue toda una demostración de fuerza de la posición de Brasil en el mercado mundial de los biocarburantes, que escenificó el compromiso de las instituciones brasileñas con este sector a través de la presencia de buena parte de los miembros de los gobiernos paulistano y federal, incluyendo sus máximos representantes, José Serra y Luis Inazio Lula Da Silva.
La representación española en la Conferencia incluyó a representantes de la embajada española en Brasil y de la Oficina Comercial en Sao Paulo, empresas y organismos como el IDAE, la CNE o el Consejo Económico y Social. Durante los debates del “Segmento Gubernamental de Alto Nivel” compusieron la delegación nacional el Secretario General de Comercio Exterior, Alfredo Bonet, el Jefe del Departamento de Biocarburantes del IDAE, Carlos Alberto Fernández, y Juan José Buitrago, de la embajada española en Brasil. El Sr. Bonet, como cabeza de la delegación, defendió la política desarrollada por nuestro país en esta área, cuyo objetivo es alcanzar una cuota de biocarburantes en el transporte del 5,83% en 2010, así como los beneficios que para el sector se derivarían de concluir los debates de la Ronda de Doha, el impulso al desarrollo tecnológico del sector y la necesidad de conseguir un marco de sostenibilidad que sea fruto del mayor acuerdo internacional posible.
Sin una declaración final conjunta a la que remitirse, resulta obligado acudir a los contenidos de las sesiones para extraer los elementos principales del debate desarrollado esos días. La primera de ellas versó sobre Biocombustibles y Seguridad Energética, y en ella se hizo hincapié en la amenaza que supone la concentración del suministro de energía en pocos países productores de petróleo y en cómo los biocarburantes pueden contribuir a disminuir esa concentración a la vez que actúan de forma positiva sobre los precios de la energía y su disponibilidad. En especial, se destacó el papel que pueden jugar en los países en desarrollo que disponen de abundantes recursos naturales (como ejemplo se mencionó que el 88% de las tierras cultivables del este de África no tiene actualmente ningún tipo de aprovechamiento), para lo que estos países deberán superar el obstáculo que supone la escasez de infraestructuras.
La contribución actual de los biocarburantes al consumo del transporte no es despreciable (un 30% del carburante nuevo que ha entrado en el mercado durante los últimos años es ya biocarburante), sin embargo el potencial de crecimiento es muy grande (sería posible incorporar a escala global sin problemas una mezcla de un 10% de etanol en la gasolina) y en el futuro el desarrollo tecnológico permitirá ir más allá.
Alcanzar ese potencial precisa de un apoyo político a largo plazo, con políticas que integren aspectos como la eficiencia energética, el estudio de las externalidades y el análisis coste-beneficio, sin dejar de lado la necesaria cooperación internacional con los países y regiones del Sur.
La segunda sesión plenaria trató el tema Biocombustibles y Cambio Climático, y en ella se defendió el papel a jugar por aquellos en el combate contra este problema, que por ser global requiere involucrar también a los países en desarrollo. Impulsar en ellos los biocarburantes precisaría un mayor esfuerzo por agilizar las posibilidades que ofrecen los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL), así como medidas de cooperación financiera internacional para favorecer la inversión en tecnologías innovadoras (por ejemplo, a través de fondos procedentes de la subasta de derechos de emisión en Europa). En este sentido, fue recurrente la apelación a ver la actual crisis económica y financiera como una oportunidad para cambiar las cosas a través de un “Green New Deal” que complemente los mecanismos de mercado con una activa participación pública y de la sociedad civil.
Combatir el cambio climático en el sector del transporte debe combinar medidas de ahorro energético e incentivación de tecnologías de bajas emisiones, siendo los biocarburantes la única opción factible a corto plazo, aunque sin perder de vista que su rendimiento en términos de reducciones de gases de efecto invernadero (GEI) varía mucho dependiendo de las materias primas y las rutas de producción empleadas. Un enfoque interesante en este punto es el que propone aprovechar las sinergias con otras industrias (como la de pasta de papel o de producción de carbón vegetal) o el mayor aprovechamiento energético posible (uniendo la producción de electricidad, calor y frío a la de biocarburantes) para maximizar la eficiencia en términos de reducción de emisiones de GEI.
La planificación agroecológica es un medio útil para evitar posibles efectos negativos de la expansión de los biocarburantes relacionados con cambios de uso del suelo (como ejemplo, la deforestación es el principal emisor de GEI de Brasil). Para evaluar estos existen ya herramientas y metodologías útiles, si bien la demanda de evaluar el efecto del llamado “cambio indirecto de uso de suelo” choca con graves dificultades de definición, en especial a escala internacional.
Biocombustibles y Sostenibilidad fue el tema de la tercera de las sesiones, que sirvió para exponer las múltiples dimensiones del concepto de sostenibilidad (social, ambiental y económica), que cuando se aplica al sector de los biocarburantes abarca cuestiones tan dispares como los posibles efectos sobre la degradación del suelo, el uso eficiente del agua, la biodiversidad, la seguridad alimentaria, la pérdida de biodiversidad y los cambios de uso de suelo (un tema delicado y sobre el que se dieron datos como que actualmente un tercio de las tierras de América Latina son pastizales, que en muchos casos no tienen uso alguno) y la posible deforestación, cuestiones que se complican si se añaden lo que algunos definen como “efectos indirectos”.
Una primera conclusión del debate citado fue que no todos los países están en condiciones de producir biocarburantes sostenibles, y por ello cada país debe abordar este tema desde sus condiciones particulares. En el ámbito de la sostenibilidad económica, sin embargo, hubo consenso en la necesidad de aplicar una discriminación positiva hacia la producción de biocarburantes a partir de materias primas procedentes de la agricultura familiar (fue citado como ejemplo el programa de “biodiésel social” actualmente vigente en Brasil, del cual se benefician más de 100.000 familias de zonas pobres), para lo que es preciso que ésta se pueda beneficiar de asistencia técnica y de acceso tanto a la tierra como al crédito.
Entre los mecanismos útiles para reforzar el carácter sostenible de la producción de biocarburantes se encuentran la planificación agroecológica, los sistemas de certificación y el desarrollo de criterios de sostenibilidad. La implementación de estos, sin embargo, sigue siendo un tema polémico, pues algunos los identifican como una barrera comercial no arancelaria que además discrimina a los biocarburantes frente a los carburantes fósiles, a los que no se exige este tipo de requisitos. Además, su coste puede convertirse en una barrera para que los pequeños agricultores y productores de biocarburantes puedan acceder a los mercados que van a tener la sostenibilidad como un requisito de comercialización.
El desarrollo de la cuarta sesión, Biocombustibles e Innovación, arrancó con un amplio consenso sobre la necesidad de impulsar los mercados existentes de biocarburantes como requisito para asegurar el desarrollo tecnológico del sector. Ese desarrollo da resultados, como se ha podido comprobar en Brasil tras décadas de impulso a la producción y consumo de etanol (durante los 30 años de experiencia brasileña con el etanol se ha logrado reducir a la mitad su coste de producción y aumentar su productividad en un 4% anual).
Un elemento a tener en cuenta a la hora de fomentar la I+D en este ámbito es su capacidad para extender sus efectos no sólo al sector agrícola (fertilizantes, semillas, mecanización, etc.), sino también al industrial y de servicios (especialmente alabado fue el éxito del mercado brasileño de vehículos flexibles, que ha superado ya los 7 millones de vehículos vendidos). Esta capacidad es especialmente interesante cuando de lo que se trata es de promover el desarrollo tecnológico en los países en vías de desarrollo, normalmente poco capaces de atraer fondos para estos fines.
Entre las múltiples vías de desarrollo tecnológico para el sector que fueron citadas durante la sesión destacan: generación de bioelectricidad, producción de biocarburantes con material celulósico y producción de diésel sintético a partir del azúcar de caña. Y junto a ello la oportunidad de introducir los biocarburantes en mercados como el de los autobuses o las motocicletas.
La implementación de mandatos de consumo de biocarburantes, por su capacidad de arrastre sobre el conjunto de la cadena de valor, fue citado como un ejemplo de actuación desde la iniciativa pública para promover la inversión en I+D en este sector, un aspecto en el que debe reforzarse la cooperación entre los sectores público y privado.
Resultado final de la sesión fue la propuesta de creación de un Centro Internacional de Excelencia en Biocarburantes, que se situaría en Brasil y que serviría para el intercambio de información y tecnología, en especial con los países en desarrollo.
La última de las sesiones plenarias abordó el tema Biocombustibles y Mercado Internacional. Actualmente se estima en un 10% el volumen de producción mundial de biocarburantes que es comercializado en el mercado internacional. Aumentar esa cifra requeriría de un mayor número de productores y consumidores, así como de un marco regulatorio nacional e internacional (así, se insistió en la necesidad de una especificación técnica común para conseguir que el bioetanol se convierta en una commodity) y menos barreras al comercio, ya sean arancelarias como de otro tipo (y en este punto la delegación brasileña resaltó la diferencia de tratamiento de los biocarburantes respecto al petróleo, que se mueve en un mercado libre de aranceles). Por último, y en lo que se refiere a la creación de demanda, la implementación de mandatos de uso por los gobiernos es un aspecto fundamental.
Los participantes en la sesión mostraron un apoyo mayoritario a clasificar los biocarburantes como “bienes medioambientales” dentro de las negociaciones de la Ronda de Doha (algo a lo que España se ha opuesto siempre en defensa de su sector productor), como elemento dinamizador del mercado internacional. Con este mismo objetivo, las reglas de la OMC, que algunos ven como poco compatibles con el establecimiento de criterios de sostenibilidad ambientales o sociales (las condiciones laborales en mercados como el de la caña de azúcar siguen siendo duras), podrían amparar el nacimiento de industrias de biocarburantes en países en desarrollo.
De la compleja relación entre comercio y criterios de sostenibilidad surgió la demanda de que estos sean inclusivos, transparentes, basados en el conocimiento científico y fruto de un acuerdo multilateral. Y en este contexto, los llamados “efectos indirectos” siguen siendo un contencioso (países como Reino Unido o Países Bajos han hecho de este tema y del potencial de reducción de GEI los únicos argumentos a la hora de hablar de este sector).
La insistencia en la liberalización de mercados por parte de la numerosa delegación brasileña y de buena parte de los ponentes se convirtió, de hecho, en uno de los temas recurrentes durante toda la Conferencia, cosa lógica si se tiene en cuenta su posición en el mercado del etanol y el interés comercial de las empresas brasileñas por desarrollar el mercado exterior. Sin embargo, esa insistencia tuvo una réplica interesante cuando uno de los ponentes, durante la primera sesión plenaria, desarrolló la tesis de que ante este tema caben dos planteamientos: ampliar el mercado al máximo (y para ello habría que aceptar un cierto grado de distorsiones del mercado en forma de subsidios y tarifas, pues ello permitiría incorporar a más agentes) o bien liberalizar el mercado completamente y convertirlo en un reducto de pocos actores en el que Brasil tendría un papel preponderante. No parece que esta última opción sea la más deseable si de lo que se trata es de asegurar el futuro del mercado global de los biocarburantes.
Con las sesiones concluidas, y sin que ningún país asumiera el compromiso de organizar un evento similar en el corto plazo, el presidente Lula cerró la conferencia el viernes 21 de noviembre anunciando la apertura de un proceso de consultas con los gobiernos de las delegaciones nacionales presentes dirigido a dar continuidad al trabajo desarrollado durante toda la semana en Sao Paulo.
Carlos Alberto Fernández López
Jefe del Departamento de Biocarburantes
IDAE